PARA CUMPLIR UN SUEÑO
HAY QUE ARRIESGARSE Y HACER LOCURAS.
El sueño de recorrer
Latinoamérica siempre contemplo que si nos iba bien podríamos llegar hasta el
Fin del Mundo, que alcanzaríamos a ir a las Olimpiadas, que tendríamos una foto
con Mujica, que asistiríamos a conciertos y a partidos de futbol, que tendríamos amigos en todos los países, que
tomaríamos miles y miles de fotos, que yo tendría mucho material escrito y mucho más para trabajar y
seguir escribiendo en el futuro, que haría un historial de comidas de todos los
países, que disfrutaríamos una gran variedad de paisajes, que conoceríamos un
sinfín de gente buena que nos ayudaría, que nos tomaríamos una foto con la
bandera de México y la bandera del país donde nos encontráramos y el sueño al
final era el de unir a nuestra raza con una foto de todas las banderas. El viaje por si solo ha sido un sueño, con
algunos mínimos inconvenientes, pero siempre fluyendo de la mejor manera para
llenarnos de lindas experiencias y para poder cumplir lo que un día era solo la
conversación de dos jóvenes intentando darle sentido a sus vidas. Hasta el
momento hemos cumplido casi en su mayoría con todas las cuestiones que pusimos
en la lista de cosas por hacer durante el viaje, pero hasta ahora queda algo
pendiente, conocer un último país y con ello poder cumplir con esa foto con la
que simbólicamente unimos a Latinoamérica.
Ese último país es Venezuela, el
país latino que en estos momentos está atravesando por la situación más
complicada. Desde antes de salir del viaje había algo en nuestro interior que
nos decía que lo hiciéramos, que no iba a pasar nada malo, que al contrario
todo nos iba a salir bien; hasta el momento así ha sido y con esa misma
confianza nos aventuramos a ir a cerrar el viaje con este país, sin darle
importancia a las decenas de veces que nos han dicho que no vayamos para allá.
Yo confió en la gente, en el pueblo y en la madre tierra, y sé que acercándonos
a estos elementos no tenemos por qué tener ningún problema en nuestro paso por
la Republica hermana de Venezuela.
También estoy convencido que si no visitáramos ese país, el proyecto del
viaje quedaría inconclusos. Es esa fuerza de cerrar bien el viaje, de ponerle
la cereza al pastel, la principal
motivación que nos hace continuar con esta locura. Por cuestiones de fallas en la logística y
de cómo se fue acomodando la ruta por sí misma, Venezuela quedo como el último país,
obligándonos a hacer una última locura: viajar desde Chile (el sur del
continente) hasta el norte de Sudamérica.(6, 836 km, 7 días de viaje continuos
aproximados, y una travesía de 15 días
para nosotros). Nosotros sabíamos
que Chile nos haría fuertes pues el valor del peso chileno es muy bueno con
respecto al bolívar venezolano. Así que desde que trabajamos en Ushuaia
comenzamos a guardar dólares, luego fuimos a Chile a completar la tarea,
juntando pesos chilenos hasta que completábamos el equivalente para ir cambiar
un billete de cien dólares y así sustantivamente hasta completar la meta
establecida. Trabajamos duro y buscamos
opciones para volar hasta Venezuela, pero los vuelos eran demasiado caros, así
que al final para completar esta locura de recorrer nuestro continente tuvimos
que hacer algo igual de alocado, hacer por tierra todo el trayecto hasta llegar a
Venezuela.
Días y noches sentados en los
buses, unos con asientos incomodos, otros peores. Algunos con olor a baño, y
otros simplemente sin baño, algunos calurosos
otros helados, con niños llorando, con gente molesta, con música a todo
volumen. Así tardamos dos semanas enteras en hacer el trayecto, con un par de
paradas fortuitas pues el trato que se nos brindó en Quito por parte de Pájaro
y de Anita, y en Bogotá por parte de Miguel y Felipe simplemente excedió lo que nos
merecemos. Estuvimos consentidos y pudimos descansar unas noches en el
medio, la verdad que eso nos ayudó
muchisisisimo.
El primer trayecto fue de
Santiago a Arica en el norte chileno, salimos un lunes a las 11 de la noche
viajamos todo el martes y llegamos a Arica el
miércoles en la mañana, recogimos
nuestras maletas y cruzamos a Tacna en Perú, allí tuvimos tiempo de darnos una
rápida ducha con agua helada y de comprar algo para comer, para luego seguir
con un viaje de 24 horas hasta Lima. El jueves por la mañana arribamos a Lima,
y de inmediato seguimos el trayecto hasta Tumbes en el norte peruano, en otro
bus de 24 horas. El viernes en la mañana
amanecimos en el norte peruano, cruzamos frontera con Ecuador y allí mismo en
la frontera nos dimos otro baño en las regaderas de la frontera, para luego cruzar a Huaquillas donde pasamos
el día y en la noche viajamos hasta Quito. El sábado en la mañana llegamos a
Quito totalmente cansados, en el bus para llegar a la casa de Pájaro a Julieta
le robaron su celular, ese día pudimos descansar en una hermosa cama y comer
gracias a Pájaro y a Anita. El domingo aprovechamos para trabajar en Quito y
generar un poco más de dólares y para ir a hablar con nuestra amiga venezolana
Joselyn quien nos dio mucha información sobre su país. El lunes y martes estuvimos bien
consentidos en Quito y fue hasta el
martes en la noche que continuamos con nuestro recorrido. Otra noche de viaje
desde Quito hasta Tulcán en el norte ecuatoriano, para en la mañana del
miércoles cruzar la frontera a Colombia. Allí tuve la peor experiencia en la
frontera en lo que va de este viaje pues me hicieron esperar casi dos horas con
el pretexto de que en el sistema aparecía mi nombre como deportado. Después de allí fuimos a saludar a nuestros
amigos de Ipeales, Andrés y Alicia y a conocer a su hermosa bebe Valentina. En
la tarde disfrutamos de un día en un lugar mágico como es el Santuario de las
Lajas y en la noche continuamos con el viaje desde Ipeales hasta Cali. El
Jueves en la mañana despertamos en Cali, pero solo para volver a subirnos a
otro bus rumbo a Bogotá donde ya nos esperaba Miguel, el amigo de Gustavo
nuestro gran compañero chileno quien nos recibió y nos llevó al departamento de
Felipe, allí volvimos a tener tiempo de descansar hasta el martes de la siguiente
semana. En Bogotá pudimos ponernos al día con la serie de Breaking Bad y convivir con gente linda, y de darnos la vida
que merecemos y disfrutar de un frío pero muy hermoso Bogotá. Luego de allí
continuamos subiendo hasta Cúcuta donde amanecimos el miércoles y de una
intentamos cruzar a Táchira ya en suelo venezolano.
Durante todos estos días había
que comer cuando y como se podía, dormir y descansar cuando se podía, lidiar
con dolores de espalda, de piernas, de cuello. Llevar varios plumones con tinta indeleble
para remarcar la raya una vez cada tanto. Ver películas malas, en especial la
que está de moda desde hace siglos “Rápido y Furioso” la cual la pasaron en
casi todos los buses. Aprovechar los momentos para ir al baño, y para
ducharnos, andar siempre con agua y con
papel de baño, admirar los paisajes que pasaron desde el verde de la zona de
viñedos chilenos, luego al desierto, la playa, el seco del suelo peruano, las
playas, el verde de la mitad del mundo y el único suelo fértil para cultivar
café de Colombia; también había que calcular bien el dinero que había que
cambiar en cada país, aprovechar los descansos, y todo con un solo fin,
disfrutar y conocer la realidad de un pueblo que creo que va a resultar hermoso
y que estoy convencido que merece lo
mejor, Venezuela.


Yo solo pido una sola cosa, que
el viaje nos siga dando lo que nos merecemos, nos siga haciendo disfrutar cada
momento, y que podamos coronar el sueño de unir a Latinoamérica, para que el
corazón del mundo se escuche latir con más fuerza.
Escrito por David
Herrera González en el trayecto de los buses.
15 de Junio de 2017.





