lunes, 19 de junio de 2017

102. PARA CUMPLIR UN SUEÑO HAY QUE ARRIESGARSE Y HACER LOCURAS.



PARA CUMPLIR UN SUEÑO HAY QUE ARRIESGARSE Y HACER LOCURAS.
El sueño de recorrer Latinoamérica siempre contemplo que si nos iba bien podríamos llegar hasta el Fin del Mundo, que alcanzaríamos a ir a las Olimpiadas, que tendríamos una foto con Mujica, que asistiríamos a conciertos y a partidos de futbol,  que tendríamos amigos en todos los países, que tomaríamos miles y miles de fotos, que yo tendría mucho  material escrito y mucho más para trabajar y seguir escribiendo en el futuro, que haría un historial de comidas de todos los países, que disfrutaríamos una gran variedad de paisajes, que conoceríamos un sinfín de gente buena que nos ayudaría, que nos tomaríamos una foto con la bandera de México y la bandera del país donde nos encontráramos y el sueño al final era el de unir a nuestra raza con una foto de todas las banderas.  El viaje por si solo ha sido un sueño, con algunos mínimos inconvenientes, pero siempre fluyendo de la mejor manera para llenarnos de lindas experiencias y para poder cumplir lo que un día era solo la conversación de dos jóvenes intentando darle sentido a sus vidas. Hasta el momento hemos cumplido casi en su mayoría con todas las cuestiones que pusimos en la lista de cosas por hacer durante el viaje, pero hasta ahora queda algo pendiente, conocer un último país y con ello poder cumplir con esa foto con la que simbólicamente unimos a Latinoamérica.
Ese último país es Venezuela, el país latino que en estos momentos está atravesando por la situación más complicada. Desde antes de salir del viaje había algo en nuestro interior que nos decía que lo hiciéramos, que no iba a pasar nada malo, que al contrario todo nos iba a salir bien; hasta el momento así ha sido y con esa misma confianza nos aventuramos a ir a cerrar el viaje con este país, sin darle importancia a las decenas de veces que nos han dicho que no vayamos para allá. Yo confió en la gente, en el pueblo y en la madre tierra, y sé que acercándonos a estos elementos no tenemos por qué tener ningún problema en nuestro paso por la Republica hermana de Venezuela.  También estoy convencido que si no visitáramos ese país, el proyecto del viaje quedaría inconclusos. Es esa fuerza de cerrar bien el viaje, de ponerle la cereza al pastel,  la principal motivación que nos hace continuar con esta locura.   Por cuestiones de fallas en la logística y de cómo se fue acomodando la ruta por sí misma,  Venezuela quedo como el último país, obligándonos a hacer una última locura: viajar desde Chile (el sur del continente) hasta el norte de Sudamérica.(6, 836 km, 7 días de viaje continuos aproximados, y una travesía de 15 días  para nosotros).  Nosotros sabíamos que Chile nos haría fuertes pues el valor del peso chileno es muy bueno con respecto al bolívar venezolano. Así que desde que trabajamos en Ushuaia comenzamos a guardar dólares, luego fuimos a Chile a completar la tarea, juntando pesos chilenos hasta que completábamos el equivalente para ir  cambiar  un billete de cien dólares y así sustantivamente hasta completar la meta establecida.  Trabajamos duro y buscamos opciones para volar hasta Venezuela, pero los vuelos eran demasiado caros, así que al final para completar esta locura de recorrer nuestro continente tuvimos que hacer algo igual de alocado, hacer  por tierra todo el trayecto hasta llegar a Venezuela.
Días y noches sentados en los buses, unos con asientos incomodos, otros peores. Algunos con olor a baño, y otros simplemente sin baño, algunos calurosos  otros helados, con niños llorando, con gente molesta, con música a todo volumen. Así tardamos dos semanas enteras en hacer el trayecto, con un par de paradas fortuitas pues el trato que se nos brindó en Quito por parte de Pájaro y de Anita, y en Bogotá por parte de Miguel  y Felipe simplemente excedió lo que nos merecemos. Estuvimos consentidos y pudimos descansar unas noches en el medio,  la verdad que eso nos ayudó muchisisisimo.
El primer trayecto fue de Santiago a Arica en el norte chileno, salimos un lunes a las 11 de la noche viajamos todo el martes y llegamos a Arica el  miércoles en la mañana,  recogimos nuestras maletas y cruzamos a Tacna en Perú, allí tuvimos tiempo de darnos una rápida ducha con agua helada y de comprar algo para comer, para luego seguir con un viaje de 24 horas hasta Lima. El jueves por la mañana arribamos a Lima, y de inmediato seguimos el trayecto hasta Tumbes en el norte peruano, en otro bus de 24 horas. El  viernes en la mañana amanecimos en el norte peruano, cruzamos frontera con Ecuador y allí mismo en la frontera nos dimos otro baño en las regaderas de la frontera,  para luego cruzar a Huaquillas donde pasamos el día y en la noche viajamos hasta Quito. El sábado en la mañana llegamos a Quito totalmente cansados, en el bus para llegar a la casa de Pájaro a Julieta le robaron su celular, ese día pudimos descansar en una hermosa cama y comer gracias a Pájaro y a Anita. El domingo aprovechamos para trabajar en Quito y generar un poco más de dólares y para ir a hablar con nuestra amiga venezolana Joselyn quien nos dio mucha información sobre su país.  El lunes y martes estuvimos bien consentidos  en Quito y fue hasta el martes en la noche que continuamos con nuestro recorrido. Otra noche de viaje desde Quito hasta Tulcán en el norte ecuatoriano, para en la mañana del miércoles cruzar la frontera a Colombia. Allí tuve la peor experiencia en la frontera en lo que va de este viaje pues me hicieron esperar casi dos horas con el pretexto de que en el sistema aparecía mi nombre como deportado.  Después de allí fuimos a saludar a nuestros amigos de Ipeales, Andrés y Alicia y a conocer a su hermosa bebe Valentina. En la tarde disfrutamos de un día en un lugar mágico como es el Santuario de las Lajas y en la noche continuamos con el viaje desde Ipeales hasta Cali. El Jueves en la mañana despertamos en Cali, pero solo para volver a subirnos a otro bus rumbo a Bogotá donde ya nos esperaba Miguel, el amigo de Gustavo nuestro gran compañero chileno quien nos recibió y nos llevó al departamento de Felipe, allí volvimos a tener tiempo de descansar hasta el martes de la siguiente semana. En Bogotá  pudimos  ponernos al día con la serie de Breaking Bad y  convivir con gente linda, y de darnos la vida que merecemos y disfrutar de un frío pero muy hermoso Bogotá. Luego de allí continuamos subiendo hasta Cúcuta donde amanecimos el miércoles y de una intentamos cruzar a Táchira ya en suelo venezolano. 
Durante todos estos días había que comer cuando y como se podía, dormir y descansar cuando se podía, lidiar con dolores de espalda, de piernas, de cuello.  Llevar varios plumones con tinta indeleble para remarcar la raya una vez cada tanto. Ver películas malas, en especial la que está de moda desde hace siglos “Rápido y Furioso” la cual la pasaron en casi todos los buses. Aprovechar los momentos para ir al baño, y para ducharnos,  andar siempre con agua y con papel de baño, admirar los paisajes que pasaron desde el verde de la zona de viñedos chilenos, luego al desierto, la playa, el seco del suelo peruano, las playas, el verde de la mitad del mundo y el único suelo fértil para cultivar café de Colombia; también había que calcular bien el dinero que había que cambiar en cada país, aprovechar los descansos, y todo con un solo fin, disfrutar y conocer la realidad de un pueblo que creo que va a resultar hermoso y que estoy convencido que  merece lo mejor, Venezuela.
 
Yo solo pido una sola cosa, que el viaje nos siga dando lo que nos merecemos, nos siga haciendo disfrutar cada momento, y que podamos coronar el sueño de unir a Latinoamérica, para que el corazón del mundo se escuche latir con más fuerza. 
Escrito por David Herrera González en el trayecto de los buses.

15 de Junio de 2017.

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