LA NALCA MILAGROSA y LA
TIA EDUVIGES.
(La nalca o pangue es
una planta ornamental y comestible perteneciente a
la familia Gunneraceae. Es nativa de zonas templadas de Chile. La nalca se
encuentra en el centro-sur de Chile y en la Patagonia occidental.)
Ya después del mediodía
comenzamos la excursión. En una zona el
camino, de pronto se llenó de nalcas de
todos los tamaños, fácil perderse
en esta zona, pensé, por lo mismo trate
de ubicar alguna en particular, y en medio de todas había una que era enorme, y se me hizo muy graciosa pues se parecía a
la forma de las nalgas de mi tía Eduviges. Pasaron un par de horas y seguíamos subiendo por
el complicado sendero del Parque Pumalin en la Patagonia chilena. El paisaje era
hermoso y, cada cuanto cambiante; todos en la excursión íbamos maravillados
hablando muy formalmente sobre la belleza natural que nos rodeaba. Llego la tarde y con ella una tremenda nevada, bastante sorpresiva
para como venían comportándose los últimos días. Ninguno de nosotros
alcanzaba a ver más allá de su abrigo,
el sendero ya se había borrado debido a su mala
señalización y a lo precario de su mismo estado. Comenzábamos a tener un
poco de paranoia si nos caía la noche, el frío, los pumas. En algún punto se
decidió que no nos podíamos separar, se avanzaba uno a uno con un brazo de
distancia, se ayudaba a las chicas en las bajadas complicadas, se frenaba por
completo en caso de caída, creo que más que todo no queríamos separarnos,
íbamos a morir todos juntos como lo que éramos una expedición grupal. Todos
sabíamos que era casi imposible sobrevivir a una noche como la que estábamos por pasar. El hambre y
el cansancio se combinaban lentamente con la desesperación de caminar sin
dirección alguna. Llego un momento en que el frío y la humedad ya habían
invadido los hueso y estaban penetrando de la misma manera en las esperanzas, que cada vez se veían más lejanas.
Hasta que tuve que
decir lo más fuerte que pude que necesitaba unos momentos para respirar un
poco, le di un minúsculo sorbo a mi botella de agua y me limpie la humedad del rostro. Todo el grupo frenó junto conmigo, yo me incline un poco para cerrar mi mochila y cuando levante la mirada me encontré con las nalgas de mi
tía pero esta vez estaban usando esa falda blanca que se puso para la boda de
mi hermana. Yo con el poco aire que había alcanzado a recobrar, pegue un enorme
grito “GRACIAS TIA EDUVIGES. GRACIAS POR TUS ENORMES NALGAS.”. Mis compañeros creyeron
que comenzaba a delirar en la desesperación, pero luego grité: “ES POR ACÁ.
SÍGANME”. Todos me vieron con cara de loco, más de uno pensó que era una de mis
típicas bromas, pero al final no pusieron resistencia y desviaron el paso. Estoy
seguro que me siguieron más por que ya estaban resignados que porque confiaran en mí.
Unas horas después, ya entrada la
noche y después de darnos una ducha caliente nos sentamos a tomar un mate que
yo mismo cebé, comimos unas simples, pero deliciosas, sopaipillas; Todos en círculo pudieron escuchar la
explicación de cómo mi tía nos había salvado.
Unos días después mientras volvíamos
a Puerto Montt cruzando la última barcaza con el atardecer en el fondo, todos salimos a
tomar fotos, fue allí que alguien propuso que deberíamos hacerle algún tipo de homenaje a mi tía para
agradecerle, yo de inmediato supe que era lo que a ella le iba a gustar,
curanto y unas chelas bien frías. Inmediatamente me emocione con la idea y
le llamé. La tía Eduviges acepto incrédula y entre risas.
Al fin de semana posterior a
nuestro regreso la tía Eduviges les decía a todos que yo estaba loco y que
ellos más por ser cómplices de mis locuras, mientras saboreaba un grasoso
pedazo de carne y le daba un fuerte trago a su lata de cerveza Escudo. La mejor forma de agradecer a una persona que
le fascina estar curada en alcohol, era con un buen carrete. Al final mi tía
Eduviges la pasó feliz, mis compañeros de excursión más, y yo cien veces más.
Ya cuando el cansancio comenzaba
a llegar a mí, de pronto vi a la tía
bailando con uno de mis compañeros, su
enorme culo se movía y me hacía recordar a las nalcas cuando las mueve el
viento, afortunadamente esa noche no llevaba su falda blanca.
DHG.
En la carretera Austral. Chile 22
DE ABRIL, 2017.
