SANTIAGO y LAS CONEXIONES DE LA VIDA.
“Las capitales de Latinoamérica tan desorganizadas, tan caóticas, tan
atiborradas, pero a la vez tan cultas, tan históricas, tan elegantes, y sobre todo tan impactantes”.
Las capitales, como yo siempre
digo, son el lugar donde hierve culturalmente un país. Santiago
no es la excepción ya que la
cultura chilena en este lugar está plenamente identificada. De las capitales de Latinoamérica, yo considero que la chilena es una de las más
aceleradas, con mucho caos y donde la gente se adapta a ese ritmo y aprende a
sobrellevar una vida dentro de esa sintonía.
Los parques, las plazas, las
iglesias, las avenidas, el centro, la catedral, las peatonales principales del
centro (Paseo Ahuamada y la del Estado),
los edificios, el metro, las estaciones, universidades, el vino, las flores, el
asfalto lleno de hojas traídas al suelo por el otoño, las multitudes, las apariciones
mágicas de la cordillera de los Andes en el fondo con su cubierta de nieve en
lo alto; los cielos rosas, los
grafitis, los completos y las
sopaipillas callejeras, la buena onda
chilena, las botillerías, los vendedores ambulantes, la gente de la calle, los
pacos culeados, los militares; la gente de todo tipo y de todos los orígenes; los perros de la calle, la basura, el arte,
los museos, la historia, las esculturas (Parque de las esculturas); exposiciones,
carretes, amigos de la calle, y sobre todos los amigos de la vida; el tráfico,
el ruido, los buses, el mall, el frio e
incluso los temporales y los terremotos son tan solo algunas de las cosas que
tiene la vida cotidiana en Santiago. Con excepción de los temblores yo pude
experimentar el resto de las cosas enlistadas, pero creo que el punto que me
gustaría seguir hablando es sobre el que
se refiere a los amigos de la vida.
Primero que nada tengo que
agradecer a Nico Ramírez y a Boris, los chicos de Fuga Americana que andan
recorriendo el continente en bicicleta y a quienes conocimos en las playas de
Brasil, por contactarnos con su primo Carlos. Luego hay que agradecerle a
Carlos por recibirnos en su casa y al otro Nico y su novia Conie, al buen Boris
por haber sido la mala influencia que necesitábamos, y a Daniela, a todos ellos
por la buena onda de aguantarnos tanto
tiempo y por hacernos sentir como en nuestra propia casa, y a la Bianca la
linda perrita que día con día pasaba a despertarnos para ver si queríamos
jugar. A todos ellos gracias también por organizarnos una discada donde el
carrete fue más que genial, y a Carlos y Nico por compartir la victoria futbolera
en ese partidito amistoso de la última noche.
Gracias a Vale y Anita por sacarnos un poco del caos
citadino para llevarnos unos días al campo de
Calera de Tango un lugar a las orillas de Santiago donde viven con su
familia y donde fuimos muy bien recibidos, comiendo muy bien, jugando cartas,
así como degustando un delicioso sándwich que nos habían prometido desde que
nos conocimos en las playas peruanas hace ya más de un año.
También muy buena onda el
habernos encontrado con José Donoso a quien habíamos conocido en Coyahique
cuando recién entrabamos a Chile y quien nos invitó una noche a cenar junto con
su hijo del mismo nombre, una excelente persona y un gran amigo.
Agradecidos con el destino por habernos rencontrado y permitido conocer
más al buen Gus, a Orieta y a Manu, quienes nos trataron mejor de cómo nos
merecemos. A ellos los conocimos fortuitamente en las calles del Uruguay
mientras trabajábamos y desde allí surgió el contacto, y en cuanto vieron que estábamos en Santiago de inmediato nos
invitaron a su casa, y sin ninguna obligación de su parte comenzaron a tratarnos como si fuéramos parte de su
familia.
Mientras estábamos en Santiago yo
no quería dejar de aprovechar la oportunidad de visitar los hermosos cerros del
puerto de Valparaiso y la hermosa playa de Viña del Mar, y fue gracias a Manuel
que pudimos dar un recorrido por el primero, y gracias a Vivi y a Marcelo (a
quienes conocimos en Medellín) que pudimos pasar un par de días en Viña.
Finalmente agradecido plenamente con
la vida y con Julieta por haberse aparecido sorpresivamente los últimos días en Santiago para
reencontrarnos y para seguir viajando y
recorriendo nuestras vidas juntos.
Bueno como ya se dieron
cuento, disfrute mucho de Santiago
gracias a la gente que estuvo presente durante mi estancia, por lo que me
gustaría resaltar la calidad de los chilenos con los que me ha tocado
encontrarme a lo largo de toda mi vida, pues el trato fraternal que siempre he
recibido de ellos es algo que no tiene comparación.
Los mexicanos y los chilenos
somos HERMANOS, así con letras grandes, somos AMIGOS, somos FAMILIA. Con
cuantos de los NUESTROS me he topado en esta enorme ciudad y en este largo
país.
Escrito por David
Herrera González.