miércoles, 31 de mayo de 2017

Incendio forestal



Incendio forestal

En esa  época  hubo muchos incendios en la cordillera chilena. Yo nunca voy a olvidar la noche en que tuvimos  que salir de nuestra casa al ver como el fuego iba avanzando lentamente por el bosque, comenzando a dirigirse hacia nuestra cabaña. Recuerdo que mi papá nos levantó a los gritos, recuerdo que nos dijo: “Agarren su abrigo, lleven lo que más valor tenga para ustedes y corramos”. Yo vi que mi papá tomo la pistola y la caja con el dinero. Mi mamá se llevó la foto de los abuelos y el mate. Mi hermana menor  tomo su muñeca. Yo tenía que decidir rápido. Terry, nuestro perro estaba ya en la puerta, yo sabía que él se iba con nosotros (en esos momentos era lo más valioso que tenía), pero dentro de  mi cabeza daba vueltas la idea de que más llevarme. Al final decidí tomar el álbum de estampas del mundial. En ese entonces yo estaba emocionado por tener completa la página de Chile con Salas y Zamorano brillando en la parte inferior de la segunda hoja, así que me puse los guantes y tome el álbum debajo de mi brazo; le dije a Camila, mi hermanita, que se apurará y corrí a desatar a Terry, pero mi papa ya estaba en la puerta sosteniendo la correa. Cuando comenzabamos a caminar nos dijo unas palabras que siempre que estoy preocupado, intento recordar: “no hay que voltear para atrás, no queda nada en el pasado, en esta vida siempre para delante, pues allá es donde sale el sol.” 
Después de eso comenzamos a correr en medio de una noche por demás fría.  El color del fuego avanzando por los cerros era impresionante. Yo en varias ocasiones mientras mi mamá tomaba aire, volteaba para atrás (haciéndolo sigilosamente para que mi papá no se diera cuenta que lo hacia), no podía creer lo que veía,  esa inmensidad del  fuego arrasando con todo a su paso. Como olvidar  ese tétrico crujir de las ramas húmedas al contacto con el fuego, que tanto escalofrío  me daba, pues yo pensaba que eran las almas de la gente que comenzaba a morir por el incendio.

Ese día mí papá acertadamente tomó el camino hacia Villa Unión, sabíamos que una vez cruzando el puente, el fuego no iba a poder llegar al otro lado, el cauce del río nos salvaría. Así que en cuanto cruzamos al otro lado nos volvió el aliento. Allí vi como mis papas se abrazaban y lloraban,  ahora entiendo que era por la casa y las cosas perdidas, pero en ese preciso momento me pareció que era de la emoción de habernos salvado. Recuerdo que nos abrazamos y luego entre sueños tengo noción de haber tomado un colectivo, ya cuando era de día, que nos llevó hasta Molina a la casa del tío Carlos y la tía Olivia. Ellos nos recibieron con sopaipillas recién hechas y un té caliente mientras hablábamos sobre lo que había pasado con la cabaña. Mi hermana  y yo estábamos muy asustados, no entendíamos nada.  El tío Carlos, repentinamente para cambiar ese ambiente, dijo en voz alta que el partido de Chile estaba por comenzar, me tomó de la mano y me llevo hasta el sillón frente al televisor mientras decía -vamos a ver cuántos goles meten estos weones-.

Al final yo crecí en ese cuarto donde estaba la televisión, allí compartí con Cami hasta que me fui a la universidad. En el otro cuarto estaban los primos Carlos y Pablo. Y en los cuartos de abajo dormían los adultos. Mi papa y el tío Carlos trabajaban juntos y cada que podían iban al campo a ver si podía rescatar algo. Mi mama y la tía Olivia se la pasaban haciendo de comer cosas deliciosas. Todas las tardes las dos familias compartíamos la tradición de tomar la once juntos.

Los años han pasado, hoy ya no soy un niño, soy casi casi un adulto y voy con el primo Carlos a comer un asado al campo. Al pasar frente a esos pinos rojos que se ven a lo lejos de la carretera me resulta inevitable no recordar ese día en que se nos quemó la cabaña. Al final gracias a la potencia del fuego yo pude tener una familia más grande.

En estos momentos, Carlos y yo nos reímos a carcajadas al pensar en el álbum de estampas que rescate esa noche.
-“El we`on de Zamorano ahora me cae tan mal con su acento de comentarista mexicano, y del Salas no tengo ni idea de a qué se dedica.”
- “Yapo eso es historia, ahora los buenos son Alexis y Vidal.”
-“Si primo entonces donde vemos mañana el partido, en el bar del Pablo?”
-“Ya”

Fin de la conversación y fin de la historia.


DHG. Mayo 2017. ( Regresando a Talca.)





98. TALCA, una ciudad que no sale en los comerciales de televisión.



TALCA, una ciudad que no sale en los comerciales de televisión

Chile, ese país donde hay mucho lugares bonitos por conocer, como La Patagonia, Valparaíso, Santiago, Viña del Mar, el Desierto de Atacama, Talca, entre otros.   “TALCA, PARIS Y LONDRES”.

Lo que la gente dice sobre los lugares antes de conocerlos puede ser muy confuso y engañoso, pero algunas veces cuando las expectativas  sobre un lugar son muy bajas, es muy probable que las cosas vayan a terminar estando mucho mejor de lo esperado. Así fue mi paso por la ciudad chilena de Talca, la gente me decía que por qué iba a Talca, que allí no había nada, el bus ni siquiera entraba a la terminal, incluso me dijeron que era una fea ciudad, pero para nada, a mí me encantó pues no solamente es bonita, sino que allí me encontré con gente muy buena que me hizo sentirme como en casa.


Yo me entere de la existencia de Talca hace once años cuando estudiaba en Monterrey y de pronto en una clase conocí a un chico de intercambio llamado Carlos Contreras que era chileno, él me dijo que era originario de un lugar llamado Talca y que su ciudad era bonita pues tenía de un lado las montañas nevadas y del otro la playa.
 En  un viaje un poco inesperado y raro me tocó llegar a la ciudad de mi amigo Carlos, creo que a los dos nos dio mucho gusto saludarnos, y de allí comenzaron unos días donde mis anfitriones Carlos, Olivia, y la familia de Carlos  se encargaron de darme la vida que me merecía esos días, comiendo rico, turisteando,  subiendo a ver la ciudad de noche al mirador, viendo la tele, jugando futbol, viendo la Champions, haciendo un día de campo a un lugar mágico,   teniendo una tarde de domingo con la familia chilena, que más se le puede pedir a la vida, solo lo que merecemos.
En Talca Oli siempre nos consintió con muy ricos platillos que ella nos preparaba, y los papás de Carlos complementaron la alimentación que merezco, la de un gordito.
Con Carlos y Oli fuimos a hacer el bus turístico que recorre toda la ciudad de Talca, un servicio gratuito que disfrute mucho y donde además de conocer la ciudad  y de aprender que  Talca viene de “Tralka” que en mapudungún el lenguaje de los Mapuches significa “trueno”, también me pude llevar una enorme sorpresa cuando íbamos subiendo al mirador y de pronto del otro lado se apareció la cordillera de los Andes, tan majestuosa como siempre. Disfrutando de las sorpresas turísticas de un Talca, al que nadie le apostaba un peso. En la noche Carlos me llevó a tomarnos unas chelas y a estar tranquilos viendo la ciudad desde el mirador, allí estuvimos charlando y riendo, como se debe de estar siempre con los amigos.


 

En casa de Carlos veíamos la tele, casi siempre juegos o resúmenes de futbol, a veces películas o algún programa interesante, pero yo me quede un día más en Talca solo para poder darme el lujo que me merezco de ver la Champions sin preocupaciones, apoyar  la Juve de “Gigi”, sin tener ninguna otra preocupación, tomando unas cervezas y disfrutando de uno de los placeres más simples del hombre, el futbol.  El primer día que llegue también Carlos me llevó a jugar un poco de pelota, y a desempolvar las piernas, la pasamos muy bien primero analizando los juegos previos y, luego yo,  intentando no deshacerme dentro de la cancha. Disfrutando como hacía mucho tiempo de todo lo bueno que me da jugar a la pelota.
El domingo que estuve en Talca, Carlos y Olivia prepararon un excelente día de Campo, fuimos a conocer las “7 tasas” un lugar natural cercano a Talca que simplemente acabo con cualquier mala fama que antes hubiera escuchado del lugar. Conocimos un punto en que los movimientos de la tierra y de los volcanes han creado unas enormes pozas de agua donde se pueden percibir majestuosas cascadas también y donde pudimos recorrer un poco el bosque. Cabe mencionar que los muchachos iban muy bien preparados para desayunar y almorzar durante el recorrido, lo cual hizo todo  mucho más placentero, a quién no le gusta estar en contacto con la naturaleza con la barriga llena, y más en un lugar donde el escenario natural es simplemente asombroso. Yo siempre que llegó a un lugar como este recuerdo que la razón por la que salí a viajar fue para vivir momentos en que los lugares me hacen sentir diminuto y reflexivo, pero a la vez realizado y en paz.

Ese domingo tuvimos de cómplice a la lluvia, pues nos dejó hacer el recorrido sin lluvia,  y luego en la tarde cuando veníamos de regreso comenzó a llover, justo a tiempo para que en casa de los papás de Carlos se pusieran a freír las sopaipillas (1). Cuando volvíamos nos avisaron que pasáramos a tomar la once a su casa,  allí pude degustar de sopaipillas rellenas de queso, y del chancho en piedra, que es jitomate molido en una piedra volcánica parecido al molcajete mexicano, pero muy al estilo chileno. Y por si fuera poco luego me tocó pasar un típico domingo en familia, con las tías, por momentos me sentía como si estuviera en casa de mis tías en México disfrutando de un domingo de lluvia en familia.
Al final Talca me trato tan bien que sin dudarlo yo le recomendaría a cualquier persona que pase a conocer esa tranquila ciudad, y sobre todo a su gente, sobre todo a los que me recibieron a mí. Yo estoy casi seguro que el día que ande por Chile, voy a pasar a saludar a Talca con una enorme sonrisa y con las expectativas de volver a pasarla feliz tal como nos  lo merecemos.

Muchas gracias a Carlitos por la buena onda de siempre, la que algún día nos va a volver a encontrar en el camino para ahora yo ayudarte a que te des la vida que te mereces. Gracias a Oli también por todas las atenciones con que fui recibido en su departamento. Gracias a Carlos y Eugenia los papás de Carlos, saludos a las tías y a Pablo, el hermano.

(1)     Sopaipilla. Es el nombre que se le da en Chile a un platillo típico muy simple que se hace con una masa de harina frita en aceite o manteca, en algunas zonas se prepara con zapallo (calabaza) y cuya forma suele ser redonda con un agujero al centro. Suele asociarse con días de lluvia la elaboración de las tradicionales sopaipillas.


Escrito por David Herrera González.

10 de MAYO de 2017.




LAS GAVIOTAS DE VIÑA CONVERSAN.




LAS GAVIOTAS DE VIÑA CONVERSAN.

Las gaviotas de Viña conversan,
se la pasan hablando entre ellas.
Vuelan entre los edificios
unas se enojan como si fueran las gitanas del viento,
otras simplemente se dedican a cantar.
Están las que se ponen de acuerdo para ir al puente,
simplemente para pasear por las tardes.
Queda claro que son muchas y que son gritonas.
A la mayoría les gusta andar acompañadas,
pero hay otras más solitarias y antisociales,
estas vuelan tranquilamente, 
solo hablan cuando tienen que hacerlo,
les gusta volar siempre viendo la playa.
En la tarde cundo comienza a caer el sol
las gaviotas se acomodan
en la playa, en sus nidos, en los cables,
en lo alto del cerro, en dónde sea,
se acomodan, y admiran los colores del cielo,
las formas de las nubes
y el incandescente reflejo del sol.
 
Son hermosos los atardeceres en Viña.
Son hermosas las gaviotas.
Es hermosa la costa,
Así como la arena, el cielo y el mar.